Félix Albo | #lunesdeperita · ejercicio creativo a partir de una palabra · félixalbo
Pequeño cuento producto de un ejercicio creativo a partir de una palabra desconocida, confusa o poco utilizada. Pobre, ¿no?
creación, cuento, félixalbo
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#lunesdeperita · ADARCE

#lunesdeperita · ADARCE

#lunesdeperita

Los #lunesdeperita empezaron como un ejercicio creativo del que brotaron historias, pequeños cuentos, que se transformaron en espectáculos enteros.

MOSCAS, FAROS, TANATORIUM, HISTORIAS INQUIETANTES… están habitadas por peritas que supusieron el germen de todo un universo de ficción y no tanta.

El ejercicio semanal se detuvo hace trece meses por pura necesidad de aminorar un ritmo que sumado a otras actividades me llevaba agobiado. Acabar con las peritas, sin embargo, fue una errónea decisión.

Por suerte, los #lunesdeperita me cambiaron la mirada y he disfrutado durante todo este tiempo de un sinfín de historias incipientes. Algunas quedaron en solo un susurro, una inspiración, como la mancha de un hielo o aquel dragón hecho de nube. Otras se fueron macerando dentro.

Retomo de nuevo el buen hábito creador. Tengo ganas de seguir pariendo historias en un mundo que me ensordece con su monótono ruido hiriente. Algunas andan esbozadas en mis adentros (que otra cosa no, pero hueco en los adentros tengo). Otras sé que aguardan en un semáforo, una primavera, una orilla de agua que lame, o una noche entera.

Retomo de nuevo el hábito de una historia semanal a partir de una palabra desconocida, poco usada, marginada. Así son la mayoría de mis personajes. En realidad no lo son. Así los hace una sociedad aplastante, ególatra y poco social y humana.

Algunas serán la estructura inicial y profunda de otras que tomarán la voz. Un esqueleto que recubrirá mi palabra del #humoryternura que acompaña siempre mi trabajo en las tablas. O quizá no. Eso no es importante.

Disculpa si alguna de estas historias te resulta abrupta o excesivamente tosca. Piensa que es solo un principio, un ejercicio de creatividad en el que se engrana una realidad excesivamente veloz y violenta y un ánimo mediterráneo y calmo. Un choque caótico y bello, como las olas contra la roca o una rama de un almendro que rasca la ventana en una noche fría y sola.

Buscar la belleza, el pálpito, la emoción sobrecogedora y el puro placer de crear, de decir, de contar es lo que mueve sin más ánimo, este ejercicio del que, si quieres, te hago partícipe.

Muchas fueron las personas que seguían, seguíais semanalmente estos #lunesdeperita que casi nunca llegaban en lunes. Hoy miércoles no será distinto, para no generar una imagen incapaz de mantener arranco con ganas esta nueva senda. 

¿Te apuntas?

Cada semana una nueva historia rondando a una palabra concreta.

 La definición la tomamos de la página oficial de la rae.es.

La sugerencia de la palabra de algún texto leído, o susurrada por el aire o leída en el twitter de @raepoetica,

 Es para ti, para mí, para quien tú quieras.

Compártela con quien creas que le puede interesar.


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ADARCE

Del lat. adarce, y este del gr. ἀδάρκη adárkē.

1. m. Costra salina que las aguas del mar forman en los objetos que mojan.


URGENCIAS · félixalbo

A menudo forzaba el trabajo de inspiración acudiendo a un parque a media tarde, a una estación de metro, a una gran avenida o a la puerta de una Biblioteca. Se sentaba en silencio y, simplemente observaba. Trataba de buscar historias a las personas anónimas que pasaban por delante de su mirada discreta. Buscaba un gesto, un caminar, un ademán cualquiera para empezar a dejarse llevar.

Tomaba notas, breves, palabras sueltas, en una libreta apaisada de espiral y papel crema. El bolígrafo, siempre de tinta negra y punta fina, trazaba con limpieza letras mayúsculas; casi siempre abreviaturas evocadoras de ideas más que de palabras.

Aquella tarde llevaba ya un rato en Urgencias, sentado, dos asientos más allá de la máquina de refrescos. Había escuchado, de primera voz, un par de historias espeluznantes. Se había puesto malo con la conversación de tres personas, desconocidas entre ellas, que seguras por no volver a verse, se habían contado un par de partos tortuosos, uno de ellos con final fatal y silencio respetuoso, y un corte feroz con una motosierra eléctrica en el tórax de un joven.

Aquí se tuvo que levantar con el imaginario encharcado de sangre y un adolescente agonizando en palabras de un señor de bigote recio y blanco.Salió a la puerta. Ya era de noche. Sin darse cuenta, se había diluido la tarde y, ensimismado con las luces del ocaso estaba, cuando una manita le tomó los dedos. Al girarse le sorprendió una niña de ojos tremendamente negros, despeinada, y con un rastro salino en sus mejillas de haber llorado. Un enorme abrigo verde le caía hasta casi las rodillas y la tela del hombro derecho estaba algo desgarrada y manchada de polvo y restos de sangre.

– Hola -se agachó a decir-. ¿Dónde están tus padres?

La niña no le soltaba. Él buscó, con la mirada a su alrededor, pero parecía que nadie la acompañaba.
– ¿Has venido sola? -le preguntó mirándola con la intención de calmarla- ¿Te ha pasado algo?, ¿te duele el hombro? -le dijo acercándole la mano. La niña retiró el hombro e hizo una mueca, sin dejar de mirarle.
– Ven, vamos dentro. Y le tiró de la mano, pero la niña frenó y cabeceó negando.
Él se desconcertó un poco, sin saber qué hacer. Entonces reparó en su libreta. No tenía habilidad para el dibujo, pero recordó que, de niño, le encantaba que los mayores le dibujaran cualquier cosa.

Sacó la libreta. Sacó una funda de gafas donde guardaba dos bolígrafos de tinta negra, y varios lápices; rojo, azul, verde, naranja, amarillo y negro.

¿Te gustan los perros? -era lo que menos mal sabía dibujar.

La niña miraba fijamente mientras él trazaba el cuerpo desproporcionado de un perro larguirucho de orejas grandes, al lado de una casa, y tras ésta, un árbol. Todo a lápiz negro.

Mientras dibujaba, él buscaba con la mirada intermitente a alguna persona adulta relacionada con la niña, cuando llegaron con estrépito una ambulancia primero y un coche destartalado por un accidente tras ella.

La chiquilla le arrancó la hoja del dibujo y corrió hacia adentro.

-Pero muchacha -le dijo, incorporándose antes de que un enfermero le pidiera paso para la camilla que empujaba su compañera. Tras ella una mujer sollozando el nombre de Carla y un hombre agitado que salía del coche.

Quedó perplejo al comprobar que sobre la camilla iba una niña, despeinada, con sus ojos cerrados pero dos caminos blanquecinos que caían mejillas abajo. Con un abrigo verde que cubría todo su tronco.

De su mano pequeña cayó un papel arrugado.

Cuando pasaron personal sanitario, camilla y pareja, él tomó el papel y, al desplegarlo, encontró su perro destartalado, al lado de una casa que tapaba parcialmente un árbol. Un árbol pintado de verde con seis manzanas rojas, su perro pintado de naranja con motas azules y una casa a medio pintar de amarillo suave.

La noche quedo sorda y fría.

Aún guarda aquel dibujo.
Aún se sobrecoge por las noches, cuando se sienta delante de un papel en blanco para tratar de escribir cualquier historia.

C a r l a -musita, sin entender aún-.


La ficción es un espacio de libertad, sin medida, sin doma, sin culpa, sin sentido. 
#Abrazosacapazos.  
Félix Albo

P.D. la semana que viene más.

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